¿De verdad necesita un iPad? (parte II)

En mi anterior artículo presentaba algunos ejemplos de lo que podríamos llamar la fabricación globalizada (aunque en realidad está más bien localizada en ciertos paises). Es hora de extraer algunas conclusiones.

Después de ver algunos de los documentales mencionados, tuvimos un pequeño debate en casa. Por un lado está claro que millones de seres humanos están siendo explotados para que nosotros podamos gozar de nuestra sociedad de consumo. Por otro lado también hay que reconocer que, si no existieran esas fábricas, estas personas estarían seguramente en una situación mucho peor (posiblemente muriéndose de hambre). ¿Es mejor trabajar como un animal en una fábrica, donde al menos la comida parece asegurada, o pasar los días en un arrozal con lodo hasta las rodillas? Está claro que las multinacionales aportan riqueza allí donde posan sus largos dedos. Pero las preguntas son: ¿Cómo se reparte esa riqueza? ¿De cuánto estamos hablando, qué márgenes de beneficios están manejando? Porque nos intentan vender la moto de que este modo de producción es el único que puede garantizar precios bajos y productos asequibles, pero esto no es necesariamente cierto. De hecho el coste fabricación de un producto es sólo un componente más del precio de venta del mismo, y según el producto concreto puede ser incluso el menos importante (pensemos por ejemplo en la industria farmaceútica…).

También deberíamos entrar en el terreno medioambiental, porque generar la basura fuera de casa no hace más que agravar el problema al quitarle visibilidad. Con la deslocalización, nuestro apetito ha encontrado un desvío para ocultar sus vergüenzas, pero
nos lleva sin duda al mismo punto: Nuestra aniquilación.

¿Dónde está la solución? Cada actor tiene su parte de la solución:

  • Nosotros, los consumidores. Conformamos el mercado, ¿no? ¿Podemos modelarlo con un consumo responsable? Por favor, pensemos dos veces antes de efectuar una compra. ¿Es un producto necesario, útil o simplemente deseable? Espero no herir sensibilidades, pero el iPad me parece el paradigma de producto superfluo. Tal vez me equivoque, pero frente a un ordenador portátil no le veo más ventaja que la de que es más cómodo manejarlo tirado en el sofa. Por otro lado, ¿existen alternativas manufacturadas de forma más ética, incluso localmente? No se trata de chauvinismo, sino de responsabilidad.
  • Los Estados. La apertura de fronteras al comercio tiene su aspecto positivo, pero ¿qué tal un poco de proteccionismo para ayudar a florecer la industria local y fomentar una competitividad realmente sana? ¿Qué tal si los productos manufacturados tuvieran que obtener una certificación de “buenas prácticas de fabricación” (incluyendo requisitos ambientales, laborales, etc.) para poder ser importados con aranceles más reducidos? ¿No facilitaría eso que las fuerzas se equilibraran?
  • Las empresas. ¿Los malos de la película? No tiene por qué… Una política de Responsabilidad Social Corporativa real, eficaz y con voz y voto dentro de la empresa ayudaría mucho. Nuevas (viejas) formas de hacer productos (duraderos, realmente innovadores, fabricados en el pais, distinguiéndose de lo que se hace fuera) son bienvenidas, y, si se venden adecuadamente, no me cabe duda de que encontrarían un mercado muy amplio. Es un terreno por explorar, lo que equivale a un mundo de posibilidades.
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5 thoughts on “¿De verdad necesita un iPad? (parte II)

  1. ¡¡Bueno anda voy a escribir!!
    Para animar el cotarro.
    Creo que la pregunta se plantea desde dos aspectos distintos. Por un lado el consumismo y por otro lado la responsabilidad al consumir productos de empresas que violan los derechos humanos.
    En cuanto a lo segundo. Veo muy difícil tener claro qué multinacionales violan los derechos humanos y cuales no. Si nos fijamos en la procedencia la mayoría de los productos son de países en los que se comenten violaciones de derechos humanos. Yo había tenido noticias de Inditex, por ejemplo, no había escuchado nada de Apple. A raíz de esto he estado mirando y he encontrado alguna cosilla
    http://www.apple.com/supplierresponsibility/code-of-conduct/labor-and-human-rights.html
    Podría ser autobombo, por supuesto, pero al parecer las irregularidades comentadas las detectaron ellos mismos en una auditoría.
    Por otro lado en este listado
    http://www.bschool.com/blog/2011/the-10-most-socially-irresponsible-big-brands/
    Fijaos en el 7 y en el 9
    ¿Os lo pensaréis al pedir una Cocacola la próxima vez?
    Gran parte de lo que puede haber en una despensa de una casa normal y corriente, en la que ninguno de sus miembros quiere causarle daño alguno a ningún ser humano, tiene el logo del nidito.
    ¡¡Y la Viagra ni olerla ¿eh?!!
    Y que conste que por supuesto estoy en contra de cualquier tipo de violación a los derechos humanos, pero es difícil para el consumidor tener eso controlado.

    En lo que se refiere a lo primero, según la RAE conumismo es la “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios.”
    Me puedo comprar algo que no es necesario sin ser consumista, porque no tengo la tendencia inmoderada a estar comprándome continuamente cosas inútiles, simplemente estoy invirtiendo (bueno gastando y derrochando si queréis) mi dinero como yo quiero, que para eso me levanto a las 6:30 de lunes a viernes.
    Por otro lado lo que para unos es algo inútil para otros no lo es. ¿Es una tableta útil? Yo la uso a diario ¿Es útil un smartphone? A mi me resultan inútiles, no uso ni la mitad de lo que tiene mi “tontomóvil” ¿Es útil una tele? Yo todos los días la veo un ratillo ¿Es útil un secador de pelo? jamás lo compré ¿Y una olla rápida? vendo una sin estrenar…

    • ¡¡Esto se anima!!
      No era mi intención desde luego decirle a nadie cómo debe gastar el dinero que, como bien dices, tanto esfuerzo nos cuesta ganar. Lo necesario, lo útil y lo necesario son conceptos profundamente personales (si muchas veces no nos ponemos de acuerdo ni siquiera dentro de la familia, imagínate de una familia a otra).
      Por otro lado, sé que “consumismo” y “malas prácticas en producción de bienes de consumo” son temas distintos, pero también se pueden ver como distintas caras de la misma moneda. La relación que intento establecer entre ambas es que el primero agrava los efectos del segundo.
      Sé que nadie (bueno, casi nadie) quiere hacerle daño a otro ser humano cuando compra algo (lo necesite o no), pero eso no quita que seamos todos conscientes de los efectos de nuestros actos. No basta con escurrir el bulto y echarle la culpa a gobiernos y empresas, el “Mercado” aquí somos nosotros. Me alegro de que haya compartido esa lista de empresas “irresponsables”, tal vez la próxima vez que vayamos a comprar una tableta de chocolate escojamos una Milka en lugar de una Nestlé Extrafino… Hoy día los consumidores tenemos los medios para compartir información, más que nunca, hagamos uso de eso como medida de presión.
      Por último, aunque sea “anecdótico”: En el tema Apple, no me creo eso de “yo no sabía nada”. Estoy seguro 100% de que una compañía que lleva a gala cuidar la calidad de sus productos de cabo a rabo, controla los procesos de fabricación de los mismos al milímetro, incluida la edad de los trabajadores… (Jobs cambiaba el color de los robots de las fábricas para que quedaran más bonitos).

  2. ¡Sigamos!
    Creo que afirmar que hay que consumir de forma responsable casi que podría admitirse como una “verdad universal”. Igual que hay que conducir de manera responsable, hay que trabajar de forma responsable… vamos que la responsabilidad es algo que hay que llevar puesto.

    ¿Y qué es la responsabilidad?
    “Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”.

    Fijándonos únicamente en lo personal ¿qué margen de maniobra tenemos en nuestra responsabilidad en el consumo?

    Libremente muchos seguimos viviendo en la parte buena del mundo y disfrutando sus privilegios, aceptando las convenciones de la sociedad que nos ha tocado. Básicamente nos agrupamos en familias, trabajamos para ganar dinero que nos servirá para consumir, libremente. Aceptamos consecuencias de nuestro consumo, mi móvil lleva coltán y por él hay muertes, pero lo necesito porque “tengo” que estar siempre localizado. Toda mi ropa está “confeccionada” en países en los que es muy probable que se estén violando derechos humanos, pero no encuentro otra en el mercado que está a mi alcance y no tengo tiempo para coser. Puede que esté comiendo pollo “malcriado” en diminutas jaulas y posiblemente compuestos químicos, o transgénicos o yo que se qué… que me van a provocar un cáncer, pero no dispongo de un mercado que me asegure que los productos son totalmente ecológicos/orgánicos o es tan complicado su acceso que no me merece la pena. Hago un consumo responsable aceptando estas consecuencias.
    De entre estos privilegiados algunos, libremente, decidimos dar algo de lo que nos sobra para aportar su granito de arena. Hacernos socios de la Cruz Roja, apadrinar un niño, dejar de beber Cocacola, cosernos nuestra propia ropa para no comprar productos de dudosa procedencia, ceder la imagen a ONGs para campañas de marketing y concienciación, escribir un blog para “concienciar” y hacer meditar un poquito, o incluso crear fundaciones privadas con grandes inversiones. Tratamos de paliar las consecuencias de nuestro consumo con medidas más o menos “extremas” que a lo mejor reducen algo el daño, que seguimos haciendo (a sabiendas y de forma responsable), pero que a lo mejor también a veces sirven para “autoperdonarnos” por seguir disfrutando de los beneficios de nuestro lado del mundo.

    Algunos, libremente, deciden irse a la parte mala del mundo y trabajar codo con codo, y día a día, con aquellos que tuvieron la mala suerte de nacer allí, aportando su granito de arena desde la aproximación directa. Rompen totalmente con el modelo privilegiado y hasta con la necesidad de limpiar la conciencia porque, sencillamente, dejan de hacer daño con su consumo.

    Entre un extremo y otro hay 1000 pasos ¿dónde debemos quedarnos? eso cada cual con lo suyo. Pero yo, desde luego, no he llegado todavía al escalón en el que me considere capacitado para decirle a nadie que es un irresponsable por comprar un iPad que no necesita. Cuando esté lavando mi ropa (autoconfeccionada) en el Ganges a lo mejor me atrevo.

    Personalmente creo que deben ser los estados los que nos garanticen la confianza en que nuestro consumo no tiene consecuencias perjudiciales, impidiendo su comercialización o por lo menos certificando de alguna forma los productos, para que el consumidor decida, libre y responsablemente. Las empresas deben facilitar herramientas para poder medir (y asumir en caso necesario) las consecuencias que la fabricación de sus productos acarrea. Tenemos tecnología para incluir mecanismos de trazabilidad que permitan (asumiendo, de forma responsable, el uso de aplicaciones que corran en nuestros móviles contaminantes y provocadores de muertes ;-D) comprobar in situ, cada vez que vamos a hacer una compra, de donde procede cada componente, tejido, alimento del cerdito al que pertenecía el lomito … e incluso verificar las políticas de responsabilidad y certificaciones de los mismos (echaríamos un ratillo más en el super pero bueno…).

    En otro orden de cosas, también hay que asumir que los tan de moda “reportajes protesta” (que me encantan) no dejan de ser herramientas que pueden usarse para mover masas hacia donde interese.
    http://www.revistaencuentros.com/wp-content/uploads/2010/08/La-realidad-construida-Guadalupe-Pacheco.pdf
    De donde se pueden sacar fragmentos como
    “De esta manera, el reportaje se convierte en relato. Convertir una historia en relato es seleccionar, es intervenir, es decidir lo que se incluye, lo que se excluye, y el orden de lo relatado. De ahí que el reportaje es una aproximación a la realidad, una realidad construida.”
    “Si bien los medios son intermediarios entre el reportero y el público, su función no sólo se limita a delimitar información sino que preparan, elaboran y presentan una realidad social que construyen. … Se debe admitir que, por un lado, la selección de los hechos es arbitraria y parte del punto de vista del periodista; y, por otro lado, está sometida a la política editorial de la empresa que determinará la pauta de lo que se publica”.
    “El reportaje, desde este punto de vista, requiere de un lector crítico y activo, que cuestione los hechos relatados.”
    Se pueden usar este tipo de reportajes/documentales expresamente para ensuciar la imagen de determinada empresa, a lo mejor hasta con la oculta maldad de favorecer a otra. Ojo, seguro que exponiendo sólo verdades, pero a medias, seleccionadas y presentadas convenientemente. No es necesario mentir para manipular…
    P.D .Que conste que estoy en contra del “endiosamiento” de nada ni nadie (sea persona, empresa, régimen político…), todo depende del color del cristal con el que se mira. Seguro que Apple ha hecho maldades (¿qué porcentaje de multinacionales que enriquecen a unos cuantos no las hará? Se admiten apuestas…).

    • Pero vamos a ver, ¿a tí nadie te ha dicho que queda fatal hacer comentarios más largos que el artículo comentado? 😉

      De acuerdo en casi todo, salvo en llevar el individualismo al extremo de que uno no pueda decir ni lo que piensa, cuando cree que hay gente que, con sus costumbres, está contribuyendo especialmente al deterioro de nuestra casa común. No me gusta que la gente derroche energía, por ejemplo, me parece una irresponsabilidad (“acto resultante de una falta de previsión o meditación”). No lo digo desde el Ganges, y no voy a dar de baja la luz de mi casa, pero precisamente porque quiero seguir teniendo luz mucho tiempo, y quiero que mi hijo la siga teniendo, me siento cualificado para decirlo. No se trata de convertirse en un talibán, pero tampoco creo ofender a nadie si digo: “Piensa dos veces antes de comprar algo”.

      Y la falta de alternativas “limpias” en el mercado (o dificultad de conseguirlas) es otro de los puntos que quería destacar en el artículo, porque me parece muy triste y, al mismo tiempo, una oportunidad de negocio mal explorada.

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